De la conciencia a la materia

De la Conciencia a la Materia
El Ayurveda plantea que el universo físico se origina en los cinco elementos, pero, ¿de
dónde provienen esos cinco elementos? Según este, la fuente de toda creación (de todo lo
conocido y lo desconocido aún) es el campo invisible, omnipresente e infinito de la
“Conciencia Pura” Este campo es la realidad última y de acuerdo con el Ayurveda,
cualquier sistema de conocimiento que no abarque el estudio de la conciencia no es un
sistema completo. Además una vida individual en la que no participe la experiencia directa de este campo será una vida incompleta. En este sentido, la conciencia no es solamente la fuente de la creación; también es la meta del conocimiento y la experiencia; el objeto de la existencia humana. El propósito último del Ayurveda es brindarle a todo el mundo una manera de alcanzar esta realización. Permitiéndonos apaciguar el cuerpo y la mente para poder percibir el ser divino que somos.
Este principio de que la conciencia es la fuente de toda creación y experiencia es
fundamental del Ayurveda. Como sabemos los textos védicos describen el Ayurveda, por lo tanto el concepto  de conciencia es común a todas la enseñanzas que de ellos provienen, (Yoga, Hinduismo, etc.)-. Los hombres y mujeres que alcanzaron el autoconocimiento, conocidos como los antiguos rishis védicos, experimentaron la conciencia pura, no solo como su propia conciencia sutil, sino como la esencia de todos los seres y de todas las cosas que los rodeaban. Como consecuencia, esos videntes vivían en un estado de unidad, sin separar su naturaleza individual de la naturaleza misma en ninguno de los aspectos de su existencia, pensamientos, percepciones y acciones. Pero en nosotros, donde se refleja esta conciencia? En nuestra experiencia, la conciencia pura se encuentra en el origen del pensamiento. Sin  embargo, normalmente no nos damos cuenta de su presencia porque tenemos la atención puesta en las ideas, las percepciones y los sentimientos; nos sumergimos en una conversación o nos dejamos arrastrar por un mundo interior de fantasías y recuerdos. O nos enamoramos y nos perdemos en la otra persona. Pero en realidad jamás nos perdemos, una parte de nosotros permanece constante en todo momento. Independientemente de los cambios que ocurran, siempre existe un cauce por donde fluye el torrente de los acontecimientos y que conecta todos los puntos sueltos en una sola experiencia que reconocemos como “nuestra vida” Ese aspecto intacto de la existencia es lo que denominamos Conciencia.
Pese a ser abstracta (en realidad abstracción pura) la experiencia de la conciencia misma nos es más familiar de lo que creemos. En la conciencia radica literalmente la diferencia entre la manera como percibimos nuestro yo cuando estamos profundamente dormidos (que es por supuesto, la ausencia total de percepción) y cuando estamos despiertos. En ese espacio fugaz entre el último momento del sueño y el primer rayo de pensamiento consciente podemos experimentar brevemente la conciencia, la experiencia del estado de vigilia interior o atención vivaz, cuando no están presentes los límites impuestos por los objetos de la experiencia. Es el estado de conocimiento puro en el cual la mente reconoce su propia naturaleza sin límites y recuerda: Existo! En otras palabras, al no fijar la atención en nada concreto, el “conocedor” simplemente se reconoce a sí mismo. Por esta razón, los sabios también se refieren a la conciencia como “existencia pura” o sencillamente “el yo”.
Es obvio que la conciencia subyace no solo al primer pensamiento del día, sino a toda
actividad mental, toda percepción, toda sensación, ya sea consciente, subconsciente o
inconsciente. Por lo tanto podemos experimentarla en los espacios vacíos (el silencio) que separan todos y cada uno de nuestros impulsos de pensamiento. Una técnica para esto es la meditación, que ayuda a penetrar a través de esa grieta, por así decirlo, y experimentar el silencio absoluto de la mente de una manera directa y sistemática. Como fuente de toda materia y energía, la conciencia también es la fuente de toda la inteligencia del universo; el orden y la regularidad que apreciamos en la arquitectura cósmica. Por consiguiente, la experiencia directa de la conciencia a través de la meditación es una forma de sintonizar nuestra inteligencia con el poder organizador de la naturaleza.
Volviendo a la materia (expresión de la conciencia) decíamos que todo y todos estamos
compuestos de estos cinco elementos fundamentales (cinco modalidades de vibración)
denominados: éter, aire, fuego, agua y tierra. Cada uno de nosotros como un universo
microcósmico nace con estos cinco elementos. Sin embargo cada uno los tiene en una
proporción única, que determina nuestras características individuales (forma corporal, tipo de piel, tendencias mentales y físicas, etc.) Pero como hace la Conciencia Pura para crear estos cinco elementos?
Las fuerzas de la creación
En el campo de la consciencia hay tres fuerzas (o cualidades) que ponen en movimiento la creación. Se las conoce como las tres gunas, o atributos fundamentales del universo. Se
llaman gunas porque se entremezclan como tres ramales de una cuerda que atan el alma al mundo. Estas no se pueden percibir sino que son deducidas en base a los objetos que crean.
Sattwa es la fuerza ascendente o hacia adentro, “el impulso hacia la evolución”
Rajas es la fuerza en todas direcciones o de movimiento, “la acción por la acción misma”
Tamas es la fuerza descendente o de inercia, “el impulso para permanecer igual”
Se dice, por ejemplo, que un alimento, o el estado o actividad mental de alguien es:
Sáttvico cuando refleja predominantemente las cualidades de la pureza y la claridad,
ejerciendo una influencia armoniosa generadora de vida. Y que se corresponde con las
cualidades de la estabilidad mental, la alegría, la bondad, la iluminación espiritual, etc.
Rajasico cuando refleja las cualidades del movimiento, ejerciendo una influencia
estimulante, perturbadora o agotadora. Ocasionando el cambio, la agitación, el deseo, la
pasión, el dolor, el sufrimiento, la ansiedad, etc.
Tamásico cuando refleja las cualidades de inercia, induciendo a un estado de somnolencia, apatía, indiferencia, pesadez, sueño, pasividad, oscuridad, pereza, ignorancia, etc..
No obstante, toda la creación, con su variedad infinita, surge de la dinámica de las tres
gunas juntas. Cuando el uno (la conciencia pura) se manifiesta en el mundo material lo hace a través de ellas. En ese sentido, la creación es una expresión siempre cambiante de la misma energía esencial; cada estrato de existencia no es otra cosa que la conciencia en
proceso de creación a partir de sí misma por la acción de las gunas.
Por lo tanto a pesar de las diferencia en cuanto a la forma y la función de todas las cosas, su constituyente último (la conciencia) siempre es el mismo, como también lo son las fuerzas (acción de las gunas) que las crea y los cinco elementos que las componen. De manera semejante, comprendemos que el hielo, el agua y el vapor tienen el mismo constituyente básico (H2O) que cambia de expresión de acuerdo con un principio básico (el movimiento térmico). De la misma forma en que una molécula se convierte en tres formas diferentes de la materia al moverse a velocidades diferentes y agruparse en densidades distintas, así
también la conciencia es impulsada por las fuerzas de las gunas para convertirse en la
variedad infinita de la creación, abarcando todas las formas de vida.
Los Cinco Elementos o Tattwas
Los cinco elementos son las primeras expresiones objetivas de la conciencia producidas por la interacción de las gunas. Surgen uno tras otro en el momento del cambio, por llamarlo de alguna manera, entre la realidad inmanifiesta y la manifiesta. En este proceso de manifestación, el éter o espacio es el primero en surgir. Aunque físicamente es el estado de “vacío” el espacio no está vacío de ninguna manera sino que está lleno de energía. La dinámica de las gunas dentro del espacio produce una vibración que forma el aire. Al moverse el aire genera fricción dando lugar al calor que caracteriza al fuego. El fuego licua la materia creando el elemento agua. El líquido se solidifica dando lugar al elemento tierra.
En términos ayurvédicos los elementos tienen una forma abstracta en la “mente” y una
forma concreta en el cuerpo. Desempeñan a la vez un papel subjetivo y objetivo en la
experiencia humana. En el plano de la mente, los elementos están relacionados a los cinco sentido; en el plano del cuerpo, se combinan para crear todas sus formas y funciones.
Podemos comprender toda la experiencia en términos de la interacción de los elementos.
Como formas básicas de energía del universo, tienen cualidades definidas y ejercen una
influencia previsible sobre nuestra apariencia y nuestra forma de pensar, y también sobre la forma como nos afecta el medio ambiente. Percibimos, experimentamos y respondemos al mundo exterior gracias a los cinco elementos. Son el vocabulario silencioso que compartimos con el universo. Como veremos, comprender sus cualidades energéticas y sus efectos, es esencial para entender nuestra naturaleza interior y también el lugar que ocupamos en ella. Esto es, a su vez, la base para alcanzar el equilibrio.
En su aspecto subjetivo, es decir, en el plano de la consciencia individual, los cinco
elementos dan lugar a los cinco sentidos.
El espacio es la esencia de la audición. Se dice que la primera agitación leve del campo de
la consciencia (la primera emanación de la creación) es el sonido primordial “Om”. El
sonido es energía vibratoria, que se desplaza en forma de onda. Si no hubiera espacio, la
energía no tendría un medio en el cual desplazarse y la existencia física sería imposible.
El aire es la esencia del tacto; su existencia permite que la energía vibratoria sea palpable.
El fuego es la esencia de la vista. La energía radiante (luz) es la que permite que la materia sea visible al ojo.
El agua es la esencia del gusto; sin ella las papilas gustativas no podría percibirlo.
La tierra es la esencia del olfato, pues son micro partículas lo que percibimos al oler.
En su aspecto objetivo, es decir, en el plano del cuerpo y a través de los cinco sentidos, se
crea la asociación entre cada elemento y los órganos de percepción.
Los oídos perciben el espacio, la piel el aire, los ojos el fuego, la lengua el agua y la nariz
la tierra. Los órganos de acción y sus funciones sensoriales no son tan evidentes; la
garganta, la boca y las cuerdas vocales confieren voz al sonido, por lo cual están
relacionadas con el espacio. Las manos sostienen y tocan las cosas, vinculandose con el
aire, los pies nos llevan en una dirección conocida gracias a la vista, a la luz del fuego. Para la ayurveda los órganos genitales son la “lengua inferior” por lo cual se asocian con el gusto y por lo tanto con el agua, y a través de las funciones excretoras el ano se relaciona con el olfato y por lo tanto por la tierra.
Cada uno de los elementos se asocia también con aspectos específicos de la anatomía y
fisiología del ser humano.
El éter crea los espacios huecos del cuerpo (canales, conductos, poros, trompas, venas,
arterias, espacio intercelular, etc.)
El aire crea todo el movimiento corporal (voluntario e involuntario, inhalación,
exhalación, cardiaco, intestinal, excretor, nervioso, mental, etc.)
El fuego se encarga del metabolismo, el calor y la temperatura del cuerpo (enzimas
digestivas, digestión celular, digestión de la información sensorial, inteligencia, etc.)
El agua está en todos los fluidos y secreciones (sangre, saliva, orina, sudor, líquido
sinovial, tejido adiposo, semen, etc.)
La tierra está en estructuras sólidas (piel, huesos, médula, músculos, tendones, pelo,
dientes, uñas, excrementos, etc.)
Podemos reconocer las cualidades de cada elemento a partir de nuestra propia experiencia:
El espacio es expansivo, discriminador, liviano, suave, sutil, claro.
El aire es móvil, variable, seco, liviano, sutil, áspero, claro.
El fuego es transformador, luminoso, caliente, penetrante, liviano, áspero, claro, sutil, seco.
El agua es cohesiva, fría, pesada, densa, burda, fluida, suave, húmeda, pegajosa.
La tierra es estable, pesada, burda, áspera, dura, densa, estática, fría.
Todo lo que experimentamos a través de los sentidos adquiere su forma y características a partir de los elementos. A medida que nos vamos familiarizando con los atributos
individuales de cada elemento podremos reconocer la presencia de sus efectos en todas
partes, incluso en nuestros propios sentimientos y comportamientos.
Pero la fuerza con la cual se manifiesta cada elemento en nuestra vida depende del esquema único de equilibrio en que ellos están en nosotros.
El secreto para mantener este equilibrio es vivir en armonía con este diseño natural
expresado en nuestra propia mezcla de elementos, es decir, nuestro Biotipo o Dosha
predominante 🙂
Recopilado por Maximiliano Caimi Terapeuta Ayurvédico; basado en los siguientes libros:
Ayurveda: Las mejores técnicas para conseguir una belleza verdadera – Pratima Raichur –
Ayurveda Esencial – Dra. Prachiti Kinikar – Patwardhan y José Manuel Muñoz